Pagar sin cobrar

La Agencia de Garantía de Depósitos anunció que devolverá a los acreedores del Banco del Progreso los dineros que congeló el gobierno hace seis años, cuando precipitó la gran crisis económica y moral, cuyas consecuencias aún las padecemos. Pero no pagará a todos, sino solamente a los depositantes de menor cuantía, a quienes adeuda hasta treinta mil dólares, siempre que sean acreedores primarios.

Vista superficialmente la medida, podría ser calificada de positiva pues en efecto, es loable que algunos de los perjudicados reciban, por fin, lo que les corresponde y les fue arrebatado para subsanar la crisis originada por los créditos vinculados que la banca corrupta entregó a testaferros y empresas fantasmas. Pero el asunto de fondo no es cuánto paga la AGD, sino cuánto cobra a los grandes deudores, a quienes aparentemente ha protegido hasta el punto de haberles permitido transformar sus obligaciones mediante fideicomisos absurdos que la propia Agencia ha denunciado como gravosos y dolosos.

¿Qué han hecho los administradores de la AGD frente a la reiterada estafa de quienes procuran resarcir ilegalmente el dinero con bienes sobrevaluados que no restituyen los montos adeudados? ¿Ha incoado, como corresponde, los juicios penales contra los estafadores que ella misma denunció? Si esa ha sido su acción, ¿en qué estado se encuentran los procesos? Lamentablemente, sabemos que la respuesta será una desconsoladora evasiva, que al final encubrirá la falta de acción contra quienes se beneficiaron del saqueo bancario.

Para cumplir con la obligación que la Agencia tiene con los depositantes perjudicados, ha procedido a vender bienes que fueron aceptados en dación para saldar deudas, en algunos casos con ingentes beneficios para los morosos; y de las ventas, castigadas con porcentajes que superan la mitad de sus avalúos, reunir pequeñeces que no alcanzan para devolver a los ciudadanos ecuatorianos lo que es suyo. Aparte de la feria minorista que vendió zapatos a un dólar, no consiguen deshacerse de los bienes casi inservibles que se deterioran con el paso del tiempo y abarrotan sus bodegas.

Cobrar es la tarea, cobrar con eficiencia, con la debida celeridad; caso contrario, la AGD terminará como se dice popularmente vendiendo el pantalón y la camisa para pagar la corbata. Por cierto, ¿cuánto le cuesta a Ecuador mantener la Agencia como depositaria de inmuebles y objetos?, habría que saberlo.

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