Sandra Beatriz Ludeña Jiménez

El mundo de los negocios es un espacio maravillosamente interesante, aquellas personas que tuvieron una visión clara de su misión en esta vida, seguramente tienen éxito en cualquier actividad en la que emprenden, sin embargo existen muchas personas que ingresan al mundo de los negocios arrastrados por la necesidad; en mis búsquedas  de saber por qué el 90% de los emprendedores fracasa antes de cumplir su primer año de desempeño en el campo de acción he encontrado muchas respuestas que ayudan a clarificar este tema; cuando pregunto a la gente que le ha llevado a emprender en un negocio, las respuestas más frecuentes son las siguientes: “porque deseaba hacer dinero de la noche a la mañana”, “porque creí que era fácil”, “porque no encuentro empleo y necesito una fuente de generar ingresos”.

Estas respuestas me hicieron reflexionar mucho, sobre todo aquella que dice “porque creí que era fácil”; nadie respondió porque me gustan los negocios, o porque  me gusta vender, o porque siempre me he visto como empresario(a).

Cuando pregunto: ¿Por qué cree usted que no ha conseguido sus objetivos? Las respuestas más frecuentes son las siguientes: El producto no se vende, no tengo dinero para hacer publicidad, no encuentro buenos vendedores, me equivoqué de línea, la crisis económica del país.  Todos piensan que el problema es externo, cuando en realidad el problema está en cada uno de las personas, trabajar un negocio requiere de trabajo extra, de inversión, de retos grandes, de compromiso pero de sobre todo de trabajo en uno mismo, de inversión en desarrollo personal.

Quien decide involucrarse en el mundo de los negocios lícitos, y lo hace con verdadera vocación obtiene grandes recompensas, pero para esto existe una base que son las emociones financieras, sin un  sistema de creencias bien fundado y emociones financieras saludables como apoyo no se pueden obtener buenos resultados.

Existen personas con habilidad natural para los negocios, pero eso no significa que alguien que no fue tan inclinado a esta habilidad no pueda desarrollarla, sin embargo para esto es necesario  trabajar en uno mismo, si se parte de esta condición seguramente costará un poco más de esfuerzo, pero todo es posible, entonces es en vano, culpar de nuestros resultados incipientes al producto, a la falta de vendedores, a la economía del país; o pensar que las cosas no eran tan fáciles como se pensaba y allí parar todo. Es necesario invertir trabajo y recursos en el desarrollo de nuestras emociones financieras, esa es una clave fundamental en los negocios, tener una visión de emprendedor, ser dueño de uno mismo, mantener siempre la aptitud y la actitud.

El cualquier negocio existe un alto nivel de deserción, pero esto se da porque la falta de enfoque en lo verdaderamente esencial, por un sistema de creencias errado, por unas emociones financieras equivocadas que trabajan en contra de cualquier proyecto, por buscar la respuesta en el exterior y no en si mismos en su propio potencial como emprendedor, en el potencial de hacerse rico  y construir su libertad financiera.

Los emprendedores con emociones financieras equivocadas, no llegan a cumplir su primer año en los negocios.