El deporte ha emergido en la sociedad moderna, como una institución de interrelación entre los individuos, transmisora de valores sociales. El deporte expresa los valores de coraje, éxito e integridad.

 

Jorge de Moragas, español, investigador y autor de varios documentos de la comunicación y cultura de masas, nos dice que en nuestra sociedad diversos sistemas de valores se configuran mediante el deporte; “los procesos de identificación colectiva, de iniciación social, de representación nacional y grupal, las formas de ocio como actividad y como espectáculo, el compañerismo y la rivalidad, el éxito y el fracaso”.

 

De allí que podemos anotar que el deporte participa plenamente en la vida cotidiana, influye en los procesos de socialización, determina una buena parte del tiempo libre y constituye un punto de referencia clave para los procesos de identificación social de mucha gente. En diversos países y de diversas maneras, los éxitos deportivos se convierten en auténticas demostraciones sociales o, incluso, en reivindicaciones populares.

 

El deporte da la posibilidad de construir elementos alternativos a la realidad social y política, a través de una especial simbolización de las leyendas deportivas y sus gestores. Se crean mitologías que de buena manera, provocan seguimiento u opción de emular, por quienes están en edades propicias, como niños y adolescentes.

 

También se han dado casos, que muchas de las veces los éxitos deportivos de atletas de élite se han utilizado para fortalecer la clase política dirigente o, en alguna ocasión, a favor de la propaganda de los líderes autoritarios, como lo sucedido en Alemania y España, en las décadas del 30 y 60 del siglo pasado. Existe como argumento que este interés político por los éxitos deportivos, se fundamenta en la facilidad que tiene el deporte para representar procesos de identificación popular.

 

Así pues, el análisis de los usos sociales del deporte, evidencia el principio de contradicción de éste con los valores sociales del fenómeno olímpico, donde los espectáculos deportivos implican rituales y, el análisis de estos rituales, representa una información especial y valiosa para el conocimiento de las estructuras culturales de la sociedad actual. En ellos encontramos los valores y contravalores de la sociedad moderna: la fiesta, la amistad, la identificación, pero también la violencia, el fanatismo y la xenofobia.

 

Hallamos entonces, situaciones contrapuestas que se derivan de una misma actividad como el deporte. Por un lado, asistimos a actos de integración institucional, social y educativa, cuando se organizan eventos deportivos, que convocan a gente de diferentes proyecciones laborales y, se compite con el único y definitivo afán de distracción, de fortalecer la amistad por el juego y la sana circunstancia de ganarlo.

 

Pero muchas de las veces debemos asistir a verdaderos duelos y combates, provocados por esta misma actividad, el deporte, cuando se piensa que ganar o ganar es la única opción y que la pérdida o derrota debe ser convalidada con el ataque artero, entre quienes se dicen seguidores, hinchas, aficionados o simplemente, cicateros propulsores de un duelo deportivo, propuesto en una cancha, estadio o coliseo. Son los efectos sociales del deporte.

 

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